martes, 11 de diciembre de 2012

Viaje en coche



Al atardecer, viajando en coche, en ese periodo de tiempo en el que el viaje empieza a saturarte. En ese momento plomizo, en el que la conversación se hace espesa, ya está todo contado. Voy de acompañante, mi pareja conduce. Tantas horas haciéndolo seguidas y pese al cansancio parece que se divierte con el guiado del coche, no necesita hablar. Yo me aburro. Comienzo a hacer fotos desde el coche, a cualquier cosa, con todos los modos de fotografía posibles. Algunas me salen genial, otras son un borrón. Creo que esta la enmarcaré o por lo menos la pondré de fondo de mi ordenador… o mejor, irá al Facebook para que todos la vean. Lo haré al llegar al hotel.. ¡Espera! Estoy haciendo la foto con el móvil, ¡puedo publicarlas ahora mismo! A ver si hay cobertura… 

Fernando Bolea Barluenga

domingo, 9 de diciembre de 2012

Sobreviviendo




Lo que tengo que hacer para vivir. Posicionarme en plena calle Alfonso, vestirme de Alien, aguantar a la gente, que no me echan casi nada de dinero… y encima cuando aparece algún friki tengo que hacerle una gracieta. En fin, a ver si pasan estas fiestas del Pilar de Zaragoza, que son las últimas del año y puedo dejar la gira callejera por España. Espero que vuelvan a contratarme en la bolsa de Sanidad de Madrid, de administrativo, que es lo mío, con calefacción o aire acondicionado y sentado… Si no sale, iré a Paris, en esa ciudad la gente es más comprensiva con el arte callejero, pero cuando pase un poco el invierno, que allí hace mucho frío…


Fernando Bolea Barluenga

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Superación





Hice esta foto el año pasado, cuando subí a Peña Guara. En el momento que la hice estaba muy cansado y no pude apreciar su belleza. Estaba preocupado, pensaba que no iba a poder finalizar la excursión por mis propios medios tras diez horas de andada. Mis compañeros de excursión, con su decisiva ayuda solidaria y sus ánimos en todo momento, fueron fundamentales para que yo llegara a la línea de meta. 

Por mi parte, desafié mis límites físicos y mentales y los vencí. Llegué el último de quince personas, pero cada vez que oigo hablar de este monte o lo veo desde lejos, recuerdo que puedo superarme en cualquier circunstancia y me emociono al recordar que aún quedan aspectos de la vida donde sigue siendo válido el compañerismo y la solidaridad entre personas. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Recreo




En este momento soy un elefante feliz. La ausencia de pelo en mi piel y su delicadeza necesita un poco de balneario de vez en cuando para librarme de esos bichejos. Menos mal que tras la larga andada, la manada encontró la cascada y pude agenciarme este rinconcito. Tengo que recordar que soy un elefante, estoy adoptando una posición casi humana en esta ducha, debí serlo en una vida anterior… pero ahora puedo echar agua por la trompa y disfrutar.


02.12.12                                                                                                   Fernando Bolea Barluenga

jueves, 18 de octubre de 2012

Hubo una vez una bruja... (2)


Al día siguiente, el conde Dadmal estaba preocupado. Con sus últimas fuerzas, la bruja había tocado la mano de la niña. Según las antiguas leyes, en ese momento los poderes de la bruja habían pasado a la niña. Él lo había visto. Casi toda la aldea también lo hizo. Los rumores sobre la existencia de una nueva bruja se estaban desatando entre los aldeanos. Los poderes de esa bruja serían temibles para el conde y en cualquier momento podía utilizarlos contra él. La venganza de la nueva bruja estaba provocando que los vasallos cuestionaran la autoridad del conde en el poblado.

Lo cierto era que la niña había tardado en morir unos pocos días. Sin embargo, en ese tiempo varias personas habían sido encargadas de cuidarla. El conde Dadmal había ordenado que se vigilara cada acto, cada movimiento de estas personas, pero bastaba un pequeño toque en la mano de la niña para que una de esas jóvenes se hubiera convertido en bruja y hubiera adquirido los poderes capaces de derrocarle.

Incluso si las viejas leyes no eran ciertas, incluso si aquella mujer asesinada no era ciertamente una bruja sino una simple curandera, la esperanza de la gente del pueblo se había desatado. La creencia en los antiguos poderes les daba una alternativa, la llegada de un salvador o salvadora que les liberaría de su tiránico régimen. Eso no le convenía. Llamó al sacerdote, él tendría que arreglar esto, después de todo se trataba de asuntos místicos…

Una hora después, sus lacayos anunciaron la llegada del sacerdote Aruc. La necesaria visita del sacerdote le producía  al conde Dadmal una mezcla de sensaciones que iban desde el asco que le producía estar en su presencia física, hasta el temor al gran poder místico, carismático y político que el sacerdote Aruc se encargaba de ostentar en todo momento.

Aruc era de complexión fuerte, calvo como los cánones de su orden obligaban. Tenía una angulosa y prominente nariz. Llevaba un parche sobe el ojo derecho que le daba un cierto halo tenebroso. Aunque no se podía determinar a ciencia cierta su edad,  aún parecía joven y su cuerpo era más bien el de un guerrero. Entró con las manos cruzadas, envuelto en la capucha de su capa marrón. Se dispuso a hablar…                                                                                          

Fernando Bolea Barluenga

domingo, 16 de septiembre de 2012

Hubo una vez una bruja...


Al sentir los primeros rayos de sol en su cara,  Alice despertó. Sin embargo, sus ojos verdes tardaron en abrirse. La noche anterior había sido muy dura, se encontraba muy cansada. En el  atardecer del día anterior, en uno de sus paseos por el bosque encontró a la niña, malherida y temblando por el frío. Tenía unos tres años y alguien la había abandonado dejándola a merced de las fieras. Alice había hecho un gran esfuerzo para ponerla a salvo, pues el encuentro había sido lejos de la cabaña y al caer la noche la vida de ambas había corrido serio peligro. Cuando llegaron a la cabaña, Alice se había ocupado de alimentar y serenar a la niña hasta conseguir que durmiera plácidamente en la cama del cuarto donde se respiraba mayor tranquilidad de la cabaña. Después, Alice a pesar de haber hecho propósito de cuidar de ella durante toda la noche, cayó en los brazos de Morfeo.

Tendida sobre la cama junto a la niña, parecía una mujer corriente sumida en un profundo sueño. Cuando por fin se levantó, comprobó que su invitada continuaba bien. Dejaría que durmiera un rato, mientras ella necesitaba realizar ciertas tareas que servirían para curar completamente a esa niña sin nombre.  Al incorporarse, su esbelta figura se reveló en todo su esplendor. De mediana edad, metro setenta de mujer bien proporcionada, piel pálida, sinuosas caderas, busto grande y firme. Pelirroja, su melena le llegaba hasta la cintura, y casi nunca la mostraba en público, pues solía recoger su pelo con el fin de poder ponerse el sombrero negro. En su rostro anguloso resaltaban unos inquietantes ojos verdes tan claros como la hierba del bosque donde vivía. Esos ojos, unos finos labios y una nariz afilada configuraban el rostro de una persona con carácter. Tenía unas manos grandes con dedos estrechos y largos, que le permitían realizar con exactitud todo aquello que se proponía. Aquellas manos no se parecían en nada a las que poseían los habitantes del pueblo de fuera del bosque, en cuyas toscas facciones y rasgos se revelaba la dureza del trabajo que debían realizar a diario al servicio del señor feudal que en cada momento dispusiera de sus vidas.

Poseía además una gran inteligencia, que junto a sus fuertes valores humanos, habían predispuesto que su trabajo se orientara hacia el estudio de la botánica para la curación de enfermedades y la investigación de las leyes de la naturaleza que reinaban en aquel exuberante bosque. Su fin era aumentar los conocimientos existentes en su época, y utilizarlos para paliar las desgracias y calamidades que la caracterizaban. Motivo por el que había decidido vivir en solitario en el interior del bosque, cerca de las plantas que necesitaba y aislada de las posibles distracciones que la apartaran de su trabajo. Había conseguido pasar desapercibida para los principales poderes del condado, que la habían tomado por loca, despreciaban sus conocimientos y consideraban que viviendo en esas condiciones moriría en poco tiempo, fruto de su desidia, del hambre o del asalto de algún bandido forajido que se cruzara en su camino.

Eso sí, cuando alguien del pueblo necesitaba de sus servicios, acudía a ella, aunque fuera de forma clandestina y adentrándose en la espesura del bosque, ya que Alice nunca salía de él y estaba prohibido adentrarse en el bosque sin permiso del señor. Alice siempre se volcaba en a la gente de la aldea utilizando todos los recursos disponibles, intentando enseñarles, dándoles consejos. Esperaba serles de utilidad y tenía la esperanza de que a través de sus actos se demostrara que no era una amenaza, sino una ayuda para ellos.

Cuando la gente del pueblo llegaba a su cabaña, y veían finalmente a Alice la Curandera quedaban impresionados y se preguntaban si era real. Estar en su presencia les infundía cierto temor, basados en los mitos y leyendas que los juglares cantaban de sus hazañas. Su aspecto físico, tan diferente del resto, ahondaba más aún en la sensación de estar ante un ser mitológico, una deidad, un hada o una bruja.  Desde luego, estaban dispuestos a hacer tratos con este tipo de seres si con ello solucionaban sus problemas. Por si acaso estos tratos traían algún mal, llegaban a la cabaña tras haberse prevenido de ello, realizando ciertos rituales ancestrales que conocían todos los miembros de la comunidad. Al conocerla, el temor se iba desvaneciendo poco a poco,  transformándose con el tiempo por respeto, al observar el resultado de sus actuaciones.

Alice sabía que las gentes del pueblo nunca la aceptarían totalmente,  era consciente de que era una rareza entre sus semejantes.  Su modo de vida, sus fines, sus preocupaciones, eran singulares, extrañas para los súbditos del condado cuyo único fin era la supervivencia, sin preocuparse por nada más. A su pesar, y por más que lo había intentado, no había podido conseguir que aquella gente la tratara como una de ellos. La ignorancia, la intolerancia, y la incultura reinaban en esa sociedad medieval. 

Se puso uno de los vestidos negros que ella había confeccionado con telas y se había ocupado de teñir. Se calzó las botas, buscó su abrigo y el alto gorro puntiagudo negro. Iba a salir pronto. Aquella mañana debía apresurarse, la vida de la niña que cuidaba corría peligro. Aunque había conseguido estabilizarla la noche anterior, ahora necesitaba salir al bosque y encontrar las bayas y raíces necesarias para hacer el ungüento que curaría las heridas más importantes.

En ese momento, en las afueras de la cabaña se oyeron gritos. ¡Alice la Curandera, sal de tu guarida! ¡Libera a la niña, bruja! Estaba claro que el día anterior alguien, probablemente la misma persona que acababa de abandonar a la niña en el bosque, había visto como Alice la recogía. Esa misma persona se había ocupado de avisar a las autoridades, y, aprovechando las leyendas que circulaban sobre ella la había acusado de brujería, la acusación más utilizada en aquella época para librarse de alguien que molestaba o destacaba demasiado.

Abrió la puerta, observó a la multitud rezando fervientemente, con las armas en las manos, dispuestos a tomar la casa. Allí estaban muchos de los vecinos del pueblo a los que había ayudado alguna vez. Ahora, el fanático sacerdote del pueblo y aquel lunático conde, la habían tachado de bruja mala, convenciendo al resto de la gente de que iba a asesinar a la niña, comérsela y traer la desgracia a sus vidas.

No podía  ser. Esa ignorante gente iba a poner en serio peligro la vida de su protegida por supersticiones o fetiches infundados. No lo permitiría. La prioridad era salvar a la niña. Envolvió a la niña en unas mantas, abrió una ventana trasera esa sería la discreta huida, la curación tendría que llevarse a cabo en lo más profundo del bosque.  Se dispuso a saltar…

Mientras tanto, la turba prendió las antorchas. Espoleados por el conde y bajo el amparo de la gran cruz que portaba el cura, comenzaron a aproximarse a las inmediaciones de la cabaña de la bruja Alice. Comenzaron a rodear la casa.

Antes de huir, dudó. ¿Realmente había alguna esperanza de que la niña se recuperara si huía de esa forma? ¿Cuánto tiempo durarían con vida en un entorno salvaje? Estaba claro, la curación debía producirse en la cabaña, no podía moverse de allí. Consideró utilizar algún truco químico, hacerse la loca, o invocar a desconocidos dioses para infundir miedo entre la gente. Descartó hacerlo. Confiaría en la gente, conocían sus métodos, sabían cómo actuaba habitualmente. Cuando entraran en la casa cogería a la niña en brazos y les convencería de su verdadero propósito.

Cuando la turba entró en la cabaña, una lluvia de golpes cayó sobre Alice. No hubo conversación ni convencimiento posible, fue zarandeada y pisoteada. Con sus últimas fuerzas,  Alice logró tocar la mano de la pequeña. Murió en paz. Cogieron a la niña, el sacerdote y todo el pueblo rezarían por ella para lograr su salvación, la curación de las heridas se debería al dios verdadero. Quemaron la casa, no quedó nada. Todos los conocimientos acumulados, todos los experimentos que Alice que desarrollaba, se hundieron en el olvido. La niña murió en unos días.


Fernando Bolea Barluenga

martes, 4 de septiembre de 2012

El propósito


Estaba desesperada. En los últimos días de salida del invierno había tenido una mala racha que parecía no tener fin. Su vida no acababa de funcionar demasiado bien. Tenía un trabajo precario, mal pagado y con grandes posibilidades de formar parte en próximas fechas del ejército del paro. Con su pareja, vivía un momento de estancamiento, había perdido gran parte de la ilusión y no sabía como recuperarla. Además, la relación con su familia era cada vez más distante. Pero, a pesar de todos los problemas habituales en su vida, y tal vez debido a ellos, su atención se centraba ahora en la gran cantidad de averías domésticas que se habían producido a su alrededor.

La bruja avería la había tomado con ella, haciendo de las suyas sin que ella hubiera podido evitarlo. Y es que, repasándolo, en unos pocos días habían caído dos estufas eléctricas, dos secadores de pelo –uno de ellos se calentaba y sólo funcionaba a ratos-, un taladro, una cafetera y tres aparatos TDT para conectar a las televisiones que tenía. Sabía que entraba dentro de lo posible que se rompieran -los aparatos actuales parecen hechos para no durar mucho, aunque sean de buen precio-, aunque no podía evitar pensar que eran consecuencia de una especie de maldición que la acompañaba, y que por tanto, todas aquellas pequeñas averías eran culpa suya, al igual que le ocurría en otros aspectos de su vida.

Más allá de las supersticiones, más allá de la frustración, la desesperación y la rabia, debía concentrarse, mantener la cabeza fría, y analizar las causas de tanto aparato deteriorado, para poder darle un giro a la situación. No podía simplemente pasar página. Por una parte, volver a invertir para sustituir cada aparato suponía un excesivo gasto que, en este tiempo de crisis no se podía permitir. Por otra, necesitaba saber a ciencia cierta que ella no era la causante de todas sus desdichas. Todo cambio vital necesita un inicio, y el suyo iba a ser éste.

Comenzó a reflexionar sobre las causas de cada desperfecto. En cuanto a los secadores, no cabía duda de que esa vez la culpa sí era suya, o más bien de sus características personales. Su larga melena rubia necesitaba mucho tiempo de secado cuando se lavaba el pelo, lo que acababa quemando los secadores, no le era un problema desconocido. La rotura del taladro se debía a un uso intensivo durante una reparación casera. Al comprarlo, ya había previsto la posibilidad de que fallara. Por su parte, las estufas eléctricas la causa más probable era que al usarlas para calentar los cuartos de baño en invierno, la humedad hubiera afectado a los circuitos. En principio, parecían causas claras que podían solucionarse con un mejor uso de cada aparato. Bien pensado, igual la bruja avería no tenía la culpa de todo…

Lo de los receptores TDT era distinto. Aquí, el uso había sido el normal, sin realizar grandes exigencias a cada equipo. Por ello, se había indignado mucho cuando los tres fallaron de forma casi consecutiva. Además, la compra de los equipos sustitutos había acabado de agriar su humor. Había previsto una compra rápida, sólo quería equipos funcionales sin grandes alardes. Sin embargo, necesitó recorrer diferentes centros comerciales y analizar varios modelos hasta dar con los deseados.

Ahora estaba allí, ante el embalaje reluciente del nuevo equipo por un lado y ante los equipos defenestrados, por otro. Llevaba un martillo en la mano, y en ese momento, estaba decidiendo por dónde empezar a descargar su rabia, se proponía destruir todos los aparatos viejos.  Ante ella pasaban mentalmente todas las incidencias surgidas con cada aparato, las vueltas que había dado, los cabreos, la incompetencia de los vendedores, los engaños, la mala calidad de lo fabricado actualmente sea caro o barato, la dictadura de la tecnología que obliga a una constante actualización y desecho de equipos, la lentitud de los servicios posventa… ¡Brrr! No veía el momento de empezar a destrozar, la sangre se le alteraba cada vez más. ¡Cuánto esfuerzo le costaba conseguir las cosas! ¡Y que poco duraban! Se preparó, levantó el martillo, fijó el destino del primer golpe, y….

… se detuvo en seco. Esta vez no iba a ser así. Se había propuesto cambiar el rumbo de su vida, y ésta vez sería una decisión firme,  guiaría su propio cambio vital. Tomó una decisión, en vez de desahogarse y terminar de destrozarlos, reuniría todos los aparatos. Miraría sus garantías. Si estaba en su derecho, reclamaría por cada uno de ellos en su lugar de compra. A la vez, antes de lanzarse a un irracional consumo de sustitución y destrozo de lo viejo, como había hecho en numerosas ocasiones, hizo el propósito de estimar cada euro gastado en un producto de consumo, tomándolo en consideración. En plena crisis, era el momento de luchar por lo suyo, costase lo que costase.

Estaba decidido, racionalizaría su consumo y exigiría sus derechos. Esperaba que con esta nueva actitud y la de muchos como ella –a los que convencería con su ejemplo-, se provocaran pequeños cambios en las personas que llevaran a desterrar de una vez y para siempre la sociedad de consumo irracional e inmediato. Si las instituciones o los poderes públicos no lo promovían, un cambio desde la base social, un cambio ciudadano, lo haría posible.

Es más, aplicaría esta conducta en todos los órdenes de la vida. Ésta sería su rebelión contra el sistema. Cogería las riendas. Finalmente, sería la dueña de su destino. Una mala racha le había hecho redescubrir sus principios. Lucharía por ellos, ahora más que nunca.
Fernando Bolea Barluenga

jueves, 23 de agosto de 2012

Informática


Espere, espere, guardando su configuración, reiniciando...
tiempo perdido mientras el ordenador trabaja.
Frustración, desasosiego, impotencia.
Todo el conocimiento actual en soporte inmaterial.
Abandono del papel, abandono de lo físico por un soporte pensado para el ahora.
¿Dónde estará nuestro conocimiento dentro de 10, 100, 1000 años?
¿Cuánto se perderá?
¿Cuál será nuestro legado?


Fernando Bolea Barluenga

El encuentro


Noche estrellada de verano. El fuego está listo. Todo preparado. Alrededor de la hoguera, ternasco a la brasa y buen vino, amigos y familia. La costillada en Aragón, rito ancestral, gregario, invariable en el tiempo. Vuelta a los orígenes, conexión con nuestros antepasados.

Fernando Bolea Barluenga

Secuestrados


Las armas preparadas. Tensa espera. Pronto vendrán por el valle. El baluarte resistirá una vez más. Deseo que pronto acabe el sitio.

Fernando Bolea Barluenga

El deber



El fuego estaba por todas partes. La salida era imposible. Tenía que hacerlo, la niña debía vivir.

Fernando Bolea Barluenga

Novata


Aquel gato negro era el testigo. Su primer conjuro había sido un éxito. Nadie dudaría más de su valía…

Fernando Bolea Barluenga

Perseguida


Estaba segura de que nadie la había visto. Debía ocultarse rápidamente. La sinrazón seguía de cerca sus pasos. Su delito, el pensamiento propio y racional.
Fernando Bolea Barluenga

Amenaza

Crack! Crack! El huevo de dragón se resquebrajó. La suerte estaba echada…


Fernando Bolea Barluenga

Microrrelatos: La Playa

La Playa

Cuando llegó a la playa se quedó parado. Anualmente, necesitaba ver el mar para relajarse. Al ver la plataforma petrolífera en el horizonte supo que este año iba a ser imposible...


Fernando Bolea Barluenga

jueves, 16 de agosto de 2012

Algo de arte…


Unas letras para comentar las exposiciones de arte que más me han impactado este verano. Últimamente, con la crisis existente, visito estos espacios más a menudo, son de los pocos espacios donde queda algo de tranquilidad, es una actividad que puede hacerse de manera económica, y me permiten desarrollar la imaginación aprendiendo nuevos puntos de vista y perspectivas sobre las cosas. Aunque las exposiciones son muy distintas entre sí, y confieso no ser un gran conocedor del mundo del arte en general, quiero recomendarlas por las sensaciones que me produjeron al recorrerlas.

David Hockney

Una de las sensaciones más agradables de las vacaciones en Euskadi fue la visita al Museo Guggenheim.  Aunque todo el museo es muy recomendable, si te gusta el arte más contemporáneo, en esta ocasión la exposición central era sobre David Hockney. Este pintor británico de paisajes, sobretodo de Yorkshire, sorprende por la facilidad de sus trazados, y por los puntos de vista originales sobre los que enfoca cada paisaje. Además, es muy interesante comprobar su evolución artística, desde el óleo al vídeo, pasando por la utilización del Ipad, todas con un mismo criterio y genialidad artística.


Los Grabados de Goya

El Museo de Bellas Artes de Bilbao tiene en propiedad al colección de grabados de Goya, forman parte de los fondos del museo y la exponen con regularidad. Nuestra visita coincidió con uno de estos periodos, por lo que pudimos ver la colección casi completa. El mejor día de visita es el miércoles, pues es gratis. Aunque la entrada a Guggenheim y Bellas Artes se suele vender combinada incrementandose el precio un poco.

Como aragonés, observar los grabados produce sentimientos muy fuertes. El primero de orgullo y admiración por nuestro genial paisano, pues en cada escena observada en estos grabados se ve un tema para reflexionar. Los cuatro temas -La Tauromaquia, Caprichos, Desastres de la Guerra y Disparates- impresionan fuertemente. Parece increíble que en esa época Goya pintara lo que quería, haciendo caso omiso de la cultura de la época. La admiración sobre los grabados aumenta al conocer la técnica necesaria para hacerlos, muy laboriosa y de dificultad, que se explica en un video de la exposición.

Por último, al salir del museo como aragonés te inunda una sensación de impotencia y de rabia contenida, al no disponer de este patrimonio en nuestra tierra. Tanto dinero gastado por las instituciones aragonesas y nadie invierte bien en nuestra cultura. ¿Por qué Zaragoza con un legado cultural muy importante no tiene ningún museo de referencia? ¿No merecía la pena hacer un esfuerzo en estos grabados, cuya exposición justifica la existencia de un museo?

Puede admitirse que estuvieran en Madrid, Goya fue un pintor nacional, pero no puede admitirse que no se luche por lo nuestro. En Euskadi no hubieran dejado que el legado de su pintor más importante estuviera fuera de su territorio. Supongo que debían tener un alto valor, al que no pudo llegarse en Aragón. Lo dicho, impotencia.



Antonio de Felipe

Algo muy recomendable en Zaragoza es el Centro de Historias. Un museo algo desconocido para el público general, pero que cuenta con exposiciones interesantes. De entre las que recoge actualmente, tenemos la de Antonio de Felipe, que es un pintor valenciano vanguardista, que proviene del mundo de la publicidad, y se nota mucho. Es el autor de las famosas vacas que se han expuesto den diferentes ciudades europeas. 

Su obra gusta bastante, pues se basa en personajes u obras conocidas, dándoles un toque humorístico. Aquí hay dos exposiciones, una dedicada al mundo del cine y otra al del deporte. Está inmerso en la cultura pop, de la que toma todas sus referencias, con su musa Audrey Hepburn. Las obras están muy bien hechas, a veces crees que es infografía o cartel, y casi todas transmiten algo. Se ve rápidamente y de forma agradable. Es gratuita. Para un domingo cultural light.

http://www.zaragoza.es/ciudad/museos/es/chistoria/detalle_Agenda?id=82663


                                                                          Fernando Bolea Barluenga    
                                                                                                                  

martes, 14 de agosto de 2012

Saturación deportiva


Terminados los juegos, acabo con la sensación de saturación deportiva, con un hartazgo increíble de deporte. El verano es una época que nos permite relajarnos y desconectar. Este año, ha sido imposible debido al estrés que nos ha generado el seguimiento –que no la práctica- del deporte. No ha habido otros temas de interés verdadero en nuestro verano, y para más inri, se ha hablado de las competiciones de una forma poco deportiva, donde sólo valía ganar.

En mayo, el final de la Liga de fútbol fue vergonzoso. Los equipos que se jugaban el descenso, lo vivieron con un dramatismo inusitado. Para algunos de ellos, primera división es supervivencia y segunda es desaparición, como el Zaragoza. Por ello, se dieron algunas declaraciones en los medios que fomentaban el odio entre ciudades españolas, como lo que ocurrió con las sospechas de amaño de partidos, la rivalidad madridista y culé, tertulianos en programas deportivos entre broncas, comentarios en webs y periódicos con cargas racistas, de desprecio, intolerantes, etc. Verdaderamente lamentable. 

Todo ello, llevó a un final de liga entre broncas, con disturbios y violencia en algunas ciudades. Estos niveles de violencia no se han dado en ninguna de las manifestaciones realizadas por temas mucho más importantes. ¿Qué tiene el fútbol para que pase eso? ¿Nadie se da cuenta que no merece la pena? ¿Cuando entenderemos que de lo que hagan 22 jugadores no depende el éxito de una sociedad? 

Después, entre junio y julio, los que nos fuimos pronto de vacaciones, tuvimos que aguantar el estrés del europeo de fútbol. La victoria de nuestra selección se daba ya por descontada, y cuando se iban torciendo algunas cosas, se exageró la nota a unos límites exagerados. En el deporte, y más en el fútbol donde hay gran cantidad de errores o imprevistos que cambian el resultado por azar, no siempre ganan los favoritos ni los mejores. Por eso, el mensaje subliminal que transmitían los medios de comunicación sobre los resultados de la selección, era un mensaje dañino y estresante para la sociedad. También el éxito de la selección fue exagerado, pareciendo que por ganar al fútbol –o fúrbol como dicen algunos- somos mejores que los ciudadanos de otros países.



Los que se han ido en agosto han tenido tres semanas de Juegos Olímpicos, durante los que el espectador ha redescubierto otros deportes, que se han visto de otra forma, más relajada, a pesar de estar cargados de competitividad y de esfuerzo por parte de los deportistas. Estos deportes no tienen la trascendencia que tiene el fútbol para la sociedad. Se ha visto como un extra, donde España participaba en varias modalidades. Ni siquiera el fracaso del fútbol olímpico ha tenido gran repercusión, pues fue pronto y aún estábamos con la resaca del europeo. 

Por otra parte, algunos éxitos de nuestra expedición se han destacado con un exceso de orgullo patriotero, como el de baloncesto o la natación, sin pararnos a analizar, que en realidad hemos sido un país mediocre en número de medallas y en la calidad de éstas. No se puede tener éxito en deportes en los que no se invierte ni tienen seguimiento de los espectadores. Deberíamos reflexionar sobre eso.

Para los que se van a partir de la semana que viene tienen ya el comienzo de nuestra liga de fútbol, y por supuesto, la Supercopa, que este año disputarán Madrid y Barcelona. Aunque serán sólo dos partidos, a los medios de comunicación les servirá para bombardearnos con información deportiva durante semanas. Después comenzará la Vuelta, la liga de básquet, los mundiales de motos y coches, y el resto de ligas… Vendrá la crisis de septiembre sin practicar deporte sano, con exceso de información deportiva… y sin habernos relajado.


Fernando Bolea Barluenga